Insultos o expresiones discriminatorias, incluso si ocurren fuera del centro de trabajo, pueden desencadenar consecuencias laborales si afectan la reputación o confianza de la empresa. Cuando un trabajador actúa de forma discriminatoria en redes sociales, mientras porta el uniforme o en situaciones que se viralizan, el empleador tiene base para iniciar sanciones disciplinarias, previa evaluación formal.
El principio de buena fe que rige la relación laboral obliga al empleado a no realizar actos que perjudiquen al empleador; por ello, un episodio discriminatorio puede justificar despido. Sin embargo, la empresa debe respetar el debido proceso interno o corre el riesgo de demandas por despido arbitrario.
Así, la discriminación no solo acarrea sanciones penales, sino que puede erosionar tu estabilidad laboral.
